jueves, octubre 11, 2012
Confianza que vence el temor
Sea cual sea el temor que usted esté enfrentando ya sea real o imaginario, Dios quiere reemplazarlo con Su fe y su paz.
Todos nosotros batallamos contra el temor en diferentes ocasiones –este es un sentimiento que puede paralizarnos en nuestra travesía por la vida.
Duda, inseguridad y temor en cualquier forma que se presenten, nos impedirán de caminar en el plan que Dios ha preparado para nosotros.
El enemigo manda temor para atormentarnos. Su deseo es evitar que nosotros hagamos todo lo que Dios quiere que realicemos y evitar que obtengamos todo lo que Él quiere que tengamos. Nosotros podemos cambiar nuestro temor por fe, mientras decidimos creer en la Palabra de Dios. En Isaías 41:10, Dios anima a Su pueblo al decir No temas [no hay nada en que temer],porque Yo estoy contigo; no mires alrededor tuyo en terror y no desmayes, porque yo soy Dios. Yo te daré fuerzas y te fortaleceré en tus dificultades, sí Yo te ayudaré... Cuando nos demos cuenta que Dios está con nosotros y que somos capaces de hacer todo lo que Él nos pide, nosotros tendremos victoria sobre el temor.
Yo no siempre fui tan osada como lo soy ahora. De la misma manera que usted, yo tuve que creer a Dios y vencer al temor muchas veces en mi vida. Yo comencé a caminar en fe y confianza de lo que Él tenía para mí cuando aprendí el poder de tres simples palabras: ¡Hazlo con temor!
Sentir temor cuando tenemos que confrontar algunas circunstancias en nuestra vida es perfectamente normal—no es malo sentir miedo. Lo que hace la diferencia es lo que hacemos a pesar de nuestro miedo. La Palabra de Dios dice que Él no nos dejará ni nos desamparará (mire Hebreos 13:5). Cuando sabemos que Dios está con nosotros, no nos vamos a postrar ante el terror—sin importar las circunstancias.
Dios quiere hablarnos
Dios desea comunicarnos sus planes y propósitos
para nuestra vida.
La comunicación es parte de su ser. La naturaleza de Dios es hablar con su creación.
¿Cuáles son las tres grandes voces en el mundo?
En un mundo de tinieblas y oscuridad, tenemos que aprender a conocer y a discernir las tres diferentes voces, y a tomar decisiones correctas basadas en la voz de Dios, únicamente.
1. La voz de nuestro espíritu. Esta voz es la que en
la Biblia se denomina como la conciencia. Es parte de nuestro espíritu y, además, nos enseña a
discernir entre el bien y el mal.
"'Por esto procuro tener siempre una conciencia sin ofensa ante Dios y ante los hombres". Hechos 24.16
2. La voz del diablo. Así como Dios habla a su
pueblo, también el enemigo habla; y trata de
imitar la voz de Dios, con el propósito de
engañarnos. He visto muchos creyentes engaña-
dos por el enemigo porque nunca han aprendido a discernir las tres diferentes voces.
3. La voz de Dios. El Señor nos puede hablar de
diferentes maneras, y una de ellas es por medio de
su Espíritu Santo. La mayoría de las veces, cuando
el Espíritu Santo nos habla directamente, es
porque Dios quiere comunicarnos algo demasiado
importante, ya sea de vida o muerte, un llamado
ministerial o cualquier otra cosa de gran
revelación para el Reino.
sábado, agosto 18, 2012
El lápiz
El niñito miraba a la abuela escribir una carta. En un momento dado, le preguntó:
- Abuela, estás escribiendo una historia que nos sucedió a nosotros?
- Es por casualidad, una historia sobre mí?
- La abuela dejó de escribir, sonrió y le comentó al nieto:
- Estoy escribiendo sobre ti, es verdad.
- Ahora bien, más importante que las palabras es el lápiz que estoy usando.
- Me gustaría que tú fueras como él, cuando crezcas.
- El niño miró el lápiz, intrigado, y no vio nada especial.
- Pero, si es igual a todos los lápices que he visto en mi vida!
- Todo depende de cómo mires las cosas.
- Hay cinco cualidades en él que, si consigues conservarlas, te harán siempre una persona en paz con el mundo.
Primera cualidad:
- Puedes hacer grandes cosas, pero no debes olvidar nunca que existe una Mano que guía tus pasos.
- A esa Mano la llamamos Dios y Él debe conducirte siempre en la dirección de Su voluntad.
Segunda cualidad:
- De vez en cuando necesito dejar de escribir y usar el sacapuntas.
- Con eso el lápiz sufre un poco, pero al final está más afilado.
- Por tanto, has de saber soportar algunos dolores, porque te harán ser una persona mejor.
Tercera cualidad:
- El lápiz siempre permite que usemos una goma para borrar los errores.
- Debes entender que corregir una cosa que hemos hecho no es necesariamente algo malo, sino algo importante para mantenernos en el camino de la justicia.
Cuarta cualidad
- Lo que realmente importa en el lápiz no es la madera ni su forma exterior,
- sino el grafito que lleva dentro.
- Por tanto, cuida siempre lo que ocurre dentro de ti.
Por último,la quinta cualidad del lápiz:
- Siempre deja una marca.
Del mismo modo, has de saber que todo lo que hagas en la vida dejará huellas y procura ser consciente de todas tus acciones.
¿El Fin de Todo?
Vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz (la del Hijo de Dios). – Juan 5:28.
Marie Curie (1867-1934), quien obtuvo dos veces el premio Nobel, es una de las más conocidas científicas del siglo XX. Pierre Curie, su marido, también fue un importante investigador, quien igualmente obtuvo un premio Nobel. Pero a la edad de 46 años fue atropellado y murió en seguida.
Después del entierro su mujer escribió en su diario estas estremecedoras palabras: «Lo vimos bajar en la profunda cavidad. La tumba fue cubierta con coronas de flores. Pierre duerme su último sueño. Es el fin de todo, de todo, todo…».
Comprendemos el dolor de la esposa que perdió a su amado esposo, con quien había compartido y trabajado muchos años. No tenía esperanza de volver a verle del otro lado de la tumba: «Es el fin de todo, de todo…».
Pero no, la muerte no es el fin de todo. Jesucristo mismo lo aseguró, y su propia resurrección es la prueba de ello. Con la muerte el ser humano no deja de existir, sino que debe comparecer ante Dios y rendir cuenta de su vida.
Ahora Dios ofrece a todos los seres humanos el perdón de los pecados mediante la obra expiatoria de Jesucristo. El que confiesa su culpa (sus malas obras) y cree en Jesús será perdonado y podrá estar seguro de tener la vida eterna. Quien rechaza el ofrecimiento de Dios será juzgado y condenado por sus obras. Al ser pecador, el hombre no puede justificarse a sí mismo por medio de buenas obras; sólo la “sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado” (1 Juan 1:7).
El Camino a Casa.
Aun el gorrión halla casa, y la golondrina nido para sí, donde ponga sus polluelos, cerca de tus altares… Rey mío, y Dios mío. Bienaventurados los que habitan en tu casa; perpetuamente te alabarán. Salmo 84:3-4.
En la gran ciudad de Glasgow, Escocia, hay una encrucijada llamada «La cruz». Cierto día un policía que hacía su ronda halló a un niño llorando, sentado en la acera. –Me perdí, dijo el chico, y no sé cómo volver a casa. El policía lo tomó de la mano y le propuso conducirlo a la comisaría para que desde allí hablara por teléfono con sus padres. Pero al llegar a «La cruz», el niño miró un instante a su alrededor y exclamó: –¡A partir de aquí, ¡conozco el camino! E inmediatamente soltó la mano del policía y sin vacilar salió corriendo hacia su casa.
Esta anécdota ilustra lo que ocurre con el que acude a la cruz del Señor Jesús. Allí puede hallar el camino a la casa de Dios. En efecto, la cruz es el único punto de encuentro entre el hombre y Dios. A través de ella puede conocer realmente a Dios como un Dios de amor, de perdón y de paz. En la cruz Jesús se ofreció por el pecado del mundo. Sufrió y expió los pecados de todos los que confían en él. En la cruz Dios hizo brillar su amor dando a su Hijo unigénito.
En la cruz el pecador que se arrepiente es liberado de la carga de sus pecados y se reconcilia con Dios. La cruz es una puerta estrecha, porque tenemos que reconocer nuestras faltas y nuestra incapacidad para salvarnos a nosotros mismos. Pero esta puerta nos abre el acceso a una vida nueva, a la casa del Padre, donde hallamos reposo, paz y gozo.
viernes, octubre 14, 2011
No hay regadeos con Dios
Un enfermo pide que recobre la salud, diciendo: «Si Dios me la devuelve, creeré en él».
Un estudiante está inquieto por su examen y piensa: «Si hay un Dios, que me ayude a aprobar el examen, luego confiaré en él».
Un comerciante se dice: «Si Dios hace prosperar mis negocios, sabré que existe».
Incluso un jugador se atreverá a decir: «Si hay un Dios, que me ayude a ganar y le serviré».
Uno no se acerca a Dios con cálculos y regateos. No se hacen contratos con él; él no necesita nada de todo lo que podemos prometerle. Él es Dios y posee todo. “¿Tiene provecho el Omnipotente en que tú… hagas perfectos tus caminos?”, se pregunta en el libro de Job (22:3).
Es una gran falta de respeto considerar a Dios como un asegurador con quien contamos para garantizar nuestra salud, para hacer prosperar nuestros negocios y resolver nuestros problemas mediante algunas concesiones de nuestra parte.
Dios podría contestar a todos nuestros deseos de forma muy fácil, pero no obedece a nuestra voluntad, sino que nos ofrece infinitamente más: nos dio a su Hijo. Aceptar este extraordinario don es estar en posesión de la vida eterna. Entonces tenemos la paz con Dios y el derecho de ser llamados sus hijos, cuyo gozo será confiar en él y obedecerle. Llegará el momento en que nos dará la gloria con Jesús.
Un estudiante está inquieto por su examen y piensa: «Si hay un Dios, que me ayude a aprobar el examen, luego confiaré en él».
Un comerciante se dice: «Si Dios hace prosperar mis negocios, sabré que existe».
Incluso un jugador se atreverá a decir: «Si hay un Dios, que me ayude a ganar y le serviré».
Uno no se acerca a Dios con cálculos y regateos. No se hacen contratos con él; él no necesita nada de todo lo que podemos prometerle. Él es Dios y posee todo. “¿Tiene provecho el Omnipotente en que tú… hagas perfectos tus caminos?”, se pregunta en el libro de Job (22:3).
Es una gran falta de respeto considerar a Dios como un asegurador con quien contamos para garantizar nuestra salud, para hacer prosperar nuestros negocios y resolver nuestros problemas mediante algunas concesiones de nuestra parte.
Dios podría contestar a todos nuestros deseos de forma muy fácil, pero no obedece a nuestra voluntad, sino que nos ofrece infinitamente más: nos dio a su Hijo. Aceptar este extraordinario don es estar en posesión de la vida eterna. Entonces tenemos la paz con Dios y el derecho de ser llamados sus hijos, cuyo gozo será confiar en él y obedecerle. Llegará el momento en que nos dará la gloria con Jesús.
Echado fuera del nido
En Europa, el águila, majestuosa ave de rapiña, construye su nido a una altitud de 1500 metros más o menos, en rocas escarpadas. Lo hace con ramas y lo tapiza con materiales más suaves como lana y pieles, para que sea más confortable. Los aguiluchos permanecen mucho tiempo allí, pero cuando llega el tiempo en que deben aprender a volar, el águila emplea un método de educación muy singular. Saca del nido todo lo que lo hace cómodo y la madre empuja al aguilucho al vacío. Pero ella vigila volando por encima de él para tranquilizarlo, y lo incita a imitarla. Si el aguilucho se acerca peligrosamente al suelo, su madre, rápida como un rayo, se lanza debajo de él y lo recoge sobre sus alas.
¡Qué hermosa imagen de los cuidados de Dios para con sus hijos! Él quiere verlos crecer, madurar y estar firmes en la adversidad. A veces, mediante fuertes pruebas, él trastorna una vida demasiado cómoda. ¿Hay que dudar de su amor, sentir pánico o perderse en los porqués? ¡No! Como el águila que no pierde de vista a su aguilucho, nuestro Padre celestial nos vigila. Quiere hacernos experimentar su presencia en el torbellino. Quiere mostrarnos su poder y sus cuidados. La fe no es una cuestión de emoción o de sentimientos, se expresa con hechos: confiar en nuestro Señor, quien conoce muy bien las necesidades de sus redimidos.
¡Qué hermosa imagen de los cuidados de Dios para con sus hijos! Él quiere verlos crecer, madurar y estar firmes en la adversidad. A veces, mediante fuertes pruebas, él trastorna una vida demasiado cómoda. ¿Hay que dudar de su amor, sentir pánico o perderse en los porqués? ¡No! Como el águila que no pierde de vista a su aguilucho, nuestro Padre celestial nos vigila. Quiere hacernos experimentar su presencia en el torbellino. Quiere mostrarnos su poder y sus cuidados. La fe no es una cuestión de emoción o de sentimientos, se expresa con hechos: confiar en nuestro Señor, quien conoce muy bien las necesidades de sus redimidos.
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